Si alguna vez has pensado o dicho “no nací para bailar”, tienes que saber que es una afirmación negativa muy peligrosa, ya que te puede limitar y además hacer que pierdas oportunidades maravillosas.
En el baile no nos definen solamente nuestras habilidades y aptitudes innatas, de hecho algunos de los factores más importantes son la disciplina y el propio esfuerzo.
Tu actitud va a ser determinante a la hora de aprender. Que consigas aprender pasos, movimientos y combinaciones complicadas es tarea del profesor.
De dónde viene esa sensación de “no valgo para esto”
Normalmente esa sensación de no encajar, no valer para algo o creer que no serás capaz de conseguirlo viene de experiencias pasadas, juicios impuestos por los demás o incluso alguna mala vivencia de la infancia.
Nos suelen educar en la comparación constante y en la competitividad, y déjame decirte que, en cuanto al baile se refiere, el proceso de cada uno es personal.
La clave para avanzar sin miedo es enfocarte en tu camino y observar al resto para admirar y aprender, eso impactará directamente de forma positiva en tu proceso
La verdad sobre el talento en el baile
No podemos ignorar la realidad de que cada persona nace con diferentes aptitudes innatas, como por ejemplo: alta capacidad de retención de movimientos, aprendizaje rápido, flexibilidad y movilidad articular extraordinaria, mucha expresividad, etc.
Normalmente cuando un bailarín cumple estas cualidades se suele decir que tiene talento, pero déjame adelantarte que tener o no tener estas aptitudes no definirá tu carrera.
El talento se entrena
Como comentábamos antes, el talento tiene mucho que ver con ciertas aptitudes que pueden ser innatas o incluso las puedes trabajar.
Todo lo que no traigas de fábrica lo puedes entrenar para conseguirlo o mejorarlo, y eso también irá constituyendo y haciendo crecer tu talento.
Por eso es tan importante conocernos, ser conscientes de nuestros pros y nuestros contras, para potenciar lo bueno y mejorar lo no tan bueno.
Lo que ves en redes tiene años de trabajo detrás
Ya sabemos que las redes sociales son un lugar superficial, donde se muestra lo más idílico de las personas, tanto en lo personal como en lo profesional.
El mundo del baile no es la excepción.
Detrás de cada reel de 30 segundos donde puedas ver un triple giro, un salto extraordinario o una combinación de pasos perfectamente ejecutada, hay años de entrenamiento, muchos fallos, caídas, giros mal hechos y un largo etcétera de pruebas y errores.
Incluso un vídeo de dos personas de nivel inicial que hacen la figura perfecta lleva detrás muchas clases, correcciones, repeticiones y pautas que les han ayudado a conseguir ese resultado.
Y ahí está la clave: lo que ves en redes sociales es el resultado, no el proceso.
Cómo empezar a bailar aunque tengas miedo o vergüenza
Como si fuera un mantra que tienes super interiorizado, te vas a repetir a ti misma: “tengo miedo, pero lo voy a hacer”, y lo mismo vamos a repetir con la vergüenza.
Normalmente estos sentimientos vienen del desconocimiento, por eso es tan importante obligarnos a dar el paso y poco a poco ir ganando confianza y perdiendo el miedo.
Pequeños pasos: una clase, no un año entero
Puedes empezar por probar una sola clase, de un nivel muy básico, donde puedas sentirte segura y ver cómo en poco tiempo has logrado algún aprendizaje.
Las clases grupales son maravillosas porque te puedes apoyar en las compañeras, conocer gente nueva y compartir el proceso con alguien, pero si esto no te motiva demasiado al principio, también puedes empezar por clases personalizadas.
Entornos seguros y acompañados
El lugar de aprendizaje, la profesora y el entorno son fundamentales.
Antes de decidir dónde vas a tomar alguna clase, infórmate, investiga y averigua dónde puedes encontrar un espacio seguro para ti.
La forma en la que te hagan sentir durante las clases va a definir tu manera de ver y entender la danza.
Con el tiempo muchos pasos se olvidan, pero la sensación que te deja en el cuerpo permanece.
Por qué una clase individual puede cambiar tu percepción
En una clase particular el ritmo se adapta a ti, los ejercicios y la dinámica están enfocados en tu aprendizaje.
Es cierto que a mí personalmente como profesora me gusta trabajar en base a objetivos, ya sea en clases particulares o grupales, pero la diferencia es que en una clase individual los objetivos se ponen basándose únicamente en tus capacidades y punto de partida.
De esta forma entrenamos cuidadosamente para potenciar tu progreso.
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